Ordoliberalismo

(…)

El ordoliberalismo en la UE se expresó estratégicamente en la definición del Tratado de Roma y luego en todos los documentos para-constitucionales, los sucesivos tratados europeos: el objetivo de las Comunidades y después de la Unión, llegó a ser definido como el establecimiento de una competencia “verdadera y no falsificada” y no la otra, lo que dio lugar a una intensa jurisprudencia normativa. El Estado, las relaciones supra-Estado y la ley supranacional tutelaban y protegían el mercado según lo previsto. El orden es la tarea, como  los ordoliberales lo enunciaban.

La constitucionalización del  orden liberal procedió de esta manera, como el ordoliberalismo pretendía, como el primer garante de la construcción europea: el artículo 92 del Tratado de Roma definía que las ayudas del Estado son incompatibles con el mercado común, salvo excepciones, y desde entonces se procedió a un lento calvario de destrucción a través de la liberalización de los servicios públicos, ahora definidos como “servicios de interés general” y por lo tanto mercantilizados. De esta forma, la energía, el transporte, las telecomunicaciones, los servicios postales, la radiodifusión, los servicios de crédito, la salud, la escuela, y hasta la seguridad social, que era la última salvaguardia bismarckiana, todos los servicios sociales del Estado pasan a ser objetos del mercado.
Asimismo, la definición de la estabilidad de precios como el principio regulador del sistema monetario es heredera del ordoliberalismo. El artículo 29 del Tratado de Lisboa, al definir las competencias de la Unión, fija como objetivo del sistema de los bancos centrales  la estabilidad de los precios, quitando así a los Estados o a la propia Unión la utilización de la política monetaria o restringiéndola severamente. De esta manera, el gobierno de las élites protege el mercado porque  impone el poder de la ley para que los mercados financieros dicten las reglas del juego. El Estado fuerte y la estabilidad de los mercados son dos caras de una misma moneda para ordoliberalismo, que es la doctrina de la Unión Europea.

En este contexto, el modelo de la sociedad y de su gobierno es la empresa. Las ideologías más simplistas, como las doctrinas del “emprendedor”, del éxito individual, de la motivación de la flexibilidad, nacieron todas de este modelo empresarial. Él sustituyó al Estado Social, afirmándose como más autoritario y menos social y más Estado aunque menos democracia.

Los ordoliberales, cuyos principales profetas evitaron cortejar abiertamente las dictaduras de su tiempo, al contrario de Hayek, se concentraron en lo esencial: rehacer la economía para los mercados y usar la ley de las leyes, en este caso la constitucionalidad informal y jurisprudencial de la Unión Europea, para continuar sus intentos.  Siendo informal, ese poder constitucional de excepción es aún más imperativo. Basado en la subversión de la división de poderes y en una reserva de autoridad ejecutiva y legislativa para el gobierno de los gobiernos. El poder del gobierno alemán en la Unión, por tanto, es mayor que el poder que tiene en su propio país, sin contrabalances institucionales importantes. La Unión Europea se ha convertido en la historia del éxito del autoritarismo del Estado aunque sin Estado, el prodigio neoliberal de la ley del mercado.

En “Una carta de Hayek a Salazar y los neoliberales autoritarios, a propósito de la Unión Europea y el Estado Social” (Francisco Louça)

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