Sobre los tambores de guerra en Siria

Comunicado de MT a sus lectores

Aunque en estas últimas horas la ejecución del plan de “castigo” militar por parte de Estados Unidos y sus aliados contra el régimen sirio de Bachar al-Asad por su presunta utilización de armas químicas el pasado 21 de agosto a las afueras de Damasco parece haber entrado en un compás de espera, sin duda por la inesperada propuesta rusa (secundada por Siria) de poner el arsenal químico de ese país bajo control internacional aprovechando el desliz cometido por John Kerry en su reciente rueda de prensa en Londres, el consejo de redacción de “mientras tanto” ya está trabajando para que el próximo boletín de la revista incluya algunas notas que permitan reflexionar más a fondo sobre todo lo que está aconteciendo en torno al conflicto civil sirio y la respuesta internacional que está suscitando.

Aun así, como una de nuestras lectoras nos preguntó la semana pasada en Facebook cuál es la opinión del consejo de redacción de “mientras tanto” al respecto, no queremos perder la oportunidad de exponer algunas consideraciones en las que todos los miembros del consejo de redacción de la revista coincidimos:

1) Uno de los aspectos que más llaman la atención es la casi unánime aceptación por los gobiernos, la prensa y diversas organizaciones de la tesis, harto dudosa, del uso de armas químicas por parte del gobierno de Al-Asad en la propia capital siria, Damasco. Las “pruebas irrefutables” aducidas por Kerry parecen consistir en una conversación “captada” entre mandos del ejército sirio, es decir, algo muy fácil de falsificar, como se falsearon las “armas de destrucción masiva” de Irak. Se sabe, en cambio, que los rebeldes financiados por los gobiernos saudí y catarí y apoyados por el turco han empleado armas químicas y practicado actos que sólo cabe calificar de salvajes y sanguinarios. El supuesto bombardeo de Damasco, ¿a quién beneficia? Es obvio que a los propios rebeldes auspiciados por esta “extraña pareja” que conforman Estados Unidos y Europa por un lado, y las monarquías petrolero-fundamentalistas del golfo Pérsico por otro.

2) No se trata sólo de que el gobierno de Estados Unidos haya destruido socialmente a Irak, de que Libia esté sumida en el caos y de que haya destruido también socialmente Afganistán: el hecho es que Siria es el principal aliado en Oriente Medio de Irán, un régimen político que está en el punto de mira de Washington, que llegó a proporcionar armas químicas a Sadam Husein para que las empleara, como acabó haciendo, contra los iraníes (y lo que le sobró contra los kurdos de Irak). Todo el norte de África, o casi todo, ha sido objeto de la intervención de los países occidentales. Países donde la gente vivía en paz, aunque bajo regímenes autoritarios, se han convertido en lugares invivibles: Libia, Siria, Irak, Afganistán. Las “intervenciones humanitarias” causan las peores consecuencias sociales, y Estados Unidos se ha erigido ya en una potencia libre de ataduras morales para su beneficio. Son pocas, aunque existen, las voces que en Estados Unidos se contraponen a esta deriva totalitaria; una parte del pueblo norteamericano empieza a ser tan cómplice de sus gobiernos como lo fue la mayoría de los alemanes bajo Hitler.

3) Como sucedió ya en los casos de Irak o Libia, hay que volver a insistir en que oponerse rotundamente a la intervención militar de Estados Unidos y la coalición aliada que pretende formar no equivale a apoyar políticamente al régimen de Al-Asad, como el “No a la guerra” de otras ocasiones no implicó apoyar los regímenes de Sadam Husein o Muamar Gadafi. No cabe duda de que el sirio es un régimen claramente autoritario en el que la familia gobernante en los últimos cuarenta años ha utilizado todos los resortes a su alcance para perpetuarse en el poder e imponer su voluntad sobre una parte sustancial de la población, pero eso no justifica bajo ningún concepto dar carta blanca, ni política ni ideológica, a las facciones rebeldes que están luchando contra dicho régimen, que es precisamente lo que están haciendo Estados Unidos y sus aliados. De nuevo, el “No a a guerra” que defendemos se fundamenta en la convicción de que toda intervención militar occidental directa (la indirecta tenemos claros indicios de que se está produciendo desde hace muchos meses) no tendrá nada que ver con los supuestos fines de índole humanitaria que se están pregonando, sino con un movimiento más en la partida de ajedrez que se está desarrollando en un país, Siria, y en una zona, Oriente Medio, donde confluyen multitud de intereses geoestratégicos que incluyen el acceso a unos recursos energéticos menguantes. En definitiva, tendrá que ver simple y llanamente con unos intereses de índole imperialista, y no cabe duda de que puede acarrear la muerte de un número mayor de civiles inocentes que los causados por el suceso que se pretende castigar.

Por último, y para documentar con más fundamento los puntos que acabamos de exponer, recomendamos la lectura de algunas noticias que plantean serias dudas sobre la versión difundida por el gobierno de Barack Obama acerca del ataque con armas químicas ocurrido en Damasco y que dejan entrever otros motivos menos confesables y ciertamente menos humanitarios para la prevista acción militar de castigo contra el régimen de Bachar al-Assad:

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