El Partit dels Socialistes de Catalunya en la encrucijada

Interesante articulo del compañero de EUiA, David Companyon, que describe excelentemente la coyuntura de los diferentes partidos politicos catalanes y en especial la del PSC.

El Partit dels Socialistes de Catalunya en la encrucijada
David Companyon
Fuente: Sin Permiso

El Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) ha vivido su 12 º Congreso en un estado de depresión, producido por la pérdida continuada de elecciones y de poder, que lo han situado fuera de la centralidad política catalana.

El Congreso ha visualizado las derrotas, cuyos efectos aun están por cicatrizar, pero su objetivo prioritario era recomponer una dirección desacreditada y perdida en un rumbo errático. Acostumbrado a gobernar,  tras ostentar durante 7 años la presidencia de la Generalitat, se encontró (casi) de repente abandonado por la mitad de su electorado (del 45,3% al 26,6%), con un retroceso muy significativo en las áreas urbanas y metropolitanas.

El PSC se ha distanciado de su base social y ésta lo ha hecho del PSC. Pero esta no ha sido la discusión ni tampoco se han analizado las razones de porque una buena parte de las clases populares y medias le han dado la espalda para abstenerse o para transferir su voto a CiU y el PP, por un lado, y hacia ICV-EUiA los que han optado por una opción más a la izquierda.
El Congreso ha pasado de puntillas sobre cuál sería el diagnóstico de su situación y la elaboración de propuestas que permitan mantener la confianza de los cientos de miles que le han votado y recuperar la de quienes han dejado de votarle. No en vano el movimiento 15 M, con su crítica radical del papel de los partidos socialdemócratas (también del resto de las izquierdas) como correa de transmisión de los intereses del capital, o la huelga general de CCOO y UGT contra las medidas del gobierno ZP, le han pasado factura al PSC.

La principal consecuencia, a tener muy en cuenta en el análisis, del último ciclo electoral ha sido el gran descenso socialdemócrata (que continúa, sin embargo, siendo la primera fuerza de la izquierda). Descenso que nos lleva hacia un ciclo dominado por las derechas de CiU y el PP, que ocupan todo el poder de forma casi absoluta en Catalunya y España para aplicar un programa radical de recortes de derechos sociales y laborales, los servicios públicos, privatizaciones y achicamiento del Estado a favor de los mercados y los beneficios privados.

Las clases medias en el centro del discurso

El alcalde de Terrassa, Pere Navarro, ha sido elegido primer secretario por el 75% de los delegados, frente al 25% que se ha decantado por el dúo Elena-Ros (representantes de “Nou Cicle” de Raimon Obiols y del sector “catalanista” de E. Maragall, Tura, Geli…). El sector de Navarro ha aglutinado a su alrededor el núcleo de alcaldes metropolitanos que conservan una exigua parte del poder que el PSC tenía hasta el 2010. Estos alcaldes (Bustos, Balmón, Marin, Parlón, el propio Navarro…) son las “caras nuevas” sobre las que el PSC quiere  articular su renovación.
El peso más relevante en el nuevo equipo lo constituye lo que se conoce como “la federación catalana”, el sector del PSC más cercano al PSOE en su tradición y cultura política. Su principal preocupación es articular un discurso dirigido a las clases medias, que sufren la agudización de la crisis económica bajo los efectos del aumento de las tasas e impuestos indirectos. Son capas liberal-progresistas, votantes tanto de CiU como del PSC, preocupadas por el mantenimiento de los derechos y libertades personales frente al retroceso previsible en el ámbito  del ejercicio de la ciudadanía con que amenazan  CiU y el PP. Unas clases medias atraídas también por el discurso ecologista, que el PSC quiere incorporar para detener el trasvase de votos a ICV-EUiA.
Esta visión ha triunfado ampliamente sobre las tesis de “Nou Cicle” de construir nuevas alianzas con las fuerzas de izquierdas (en un balance crítico, aunque positivo del Govern tripartito) y también sobre las del sector “catalanista”, que   defiende profundizar las señas de identidad diferenciadas del PSC frente al PSOE y organizar un grupo propio parlamentario en el Congreso de los Diputados que rivalice con CiU y ERC con un proyecto catalán propio. Aunque no se puede olvidar que el sector “catalanista” tiene puntos en común en su propuesta estratégica con el discurso mayoritario de la “federación catalana” de buscar alianzas con el nacionalismo convergente frente al Gobierno central del PP.
El nuevo primer secretario del PSC, Navarro, construyó el eje de su discurso en una propuesta de “mano tendida a CiU” para acordar una hoja de ruta que, en un nuevo ejercicio de “equilibrismo” zapaterista, proteja a los sectores sociales más desfavorecidos, pero mantenga la política económica neoliberal de ajuste y austeridad iniciada por ZP y que ha profundizado CiU. Esta política neoliberal de “consenso  para salir de la crisis” debería permitir al PSC reocupar un espacio central en la política catalana como principal partido de una oposición “responsable” y, al mismo tiempo, restar protagonismo al PP como aliado de CiU en Cataluña, utilizando a su favor -como hizo CiU en la oposición- las inevitables fricciones y choques con el Gobierno Rajoy.

Por ello, si el discurso político del Congreso situó a las clases medias en el centro de sus preocupaciones, el perfil del PSC como partido catalán y los vínculos con el PSOE fueron el otro eje sobre el que pilotaron las propuestas. Las conclusiones son claras: se descarta tener grupo propio y un proyecto de construcción nacional para Cataluña autónomo del PSOE y de CiU. Lo que es especialmente significativo en un momento en el que el federalismo es un concepto vacio de contenido en el PSOE, incapaz de resistir las presiones neocentralistas del PP y de UPyD.
Desgraciadamente, el PSC seguirá a remolque de la burguesía catalana sin un proyecto propio de construcción nacional, tras la enorme frustración política de la reforma del Estatut y frente al desafío político del pacto fiscal propuesto por CiU. Un pacto fiscal que pretende ofrecer como salida de la crisis económica un mayor autogobierno de Cataluña  y subordinar lo  social a  lo nacional, entendido como una negociación de intereses fiscales entre la burguesía catalana y la española. Nada refleja mejor la actual hegemonía de CiU  que el “mantra” del pacto fiscal: CiU exige a todos los partidos que apoyen al gobierno Mas, bajo acusación en contrario de  “traicionar Catalunya”. Se llega incluso a plantear un desafío teórico al gobierno Rajoy con la convocatoria de referéndum, se agita el independentismo con el “España nos roba”…Pero la realidad hasta ahora es que CiU pacta con el PP a todos los niveles, pese a que Rajoy no para de darles calabazas con el pacto fiscal.

El PSC tendrá en su oposición el legado negativo de no haber sabido poner fin al injusto desequilibrio fiscal por el que Catalunya recibe menos por habitante que el resto de la mayor parte de las autonomías. La socialdemocracia catalana finalmente siempre se ha supeditado a los intereses del PSOE, temerosa de la reacción del resto de las autonomías y del PP.

La nueva ejecutiva

La relación orgánica con el aparato del PSOE ha quedado también reforzada por la designación de Daniel Fernández como secretario de organización en sustitución de José Zaragoza, nuevo hombre fuerte del PSC en Madrid… en sustitución del mismo Fernández.

En realidad la nueva ejecutiva es una combinación de estas “caras nuevas” y del viejo equipo de Montilla (nombrado senador autonómico pese a que la mayoría de dirigentes era contrario a su designación) con Corbacho, Chacón, Zaragoza, Rangel, Collboni, Nadal e Iceta (ratificados como responsables del grupo parlamentario, en detrimento de figuras emergentes como Martínez-Sempere, Laia Bonet o Eva Granados, que es el vínculo con la UGT). El resto de la ejecutiva es una combinación de los equilibrios con el sector de Joan Ignasi Elena-Àngel Ros, las JSC y las federaciones. Destaca la incorporación de Ferran Pedret del colectivo Inflexión, que reclama una política nítidamente de izquierdas.
En el Congreso, el debate político sobre las alternativas sociales a la crisis ha sido lo que ha ocupado menos tiempo. En todo caso, el centro del debate no ha girado sobre la política, sino sobre las personas y los equipos. Pocos han dicho las cosas por su nombre y el guión es esperar que sea la crisis y la gestión de CiU, cada vez más contestada socialmente, la que devuelva los votos al PSC. Ahora será en los congresos locales, como el de Barcelona, donde pueda surgir una oportunidad para un debate de fondo real .

El fracaso del proyecto de Pascual Maragall

La crisis económica lo inunda todo, también a todos los partidos. ¿Por qué a afectado tanto al PSC? ¿Además de la crisis, que otras causas han traído tantas derrotas?
El proyecto del PSC era liderar Cataluña desde una visión social acoplada a un proyecto federal vinculado a un entendimiento con España, en el que Cataluña vería reconocida su condición de nación con derechos históricos y un acuerdo fiscal justo. Maragall lo visualizó en un nuevo Estatuto. Para ello buscó construir un bloque político hegemónico con el acompañamiento de ERC (que buscaba desde la izquierda inter-clasista desbancar a CiU como eje central del nacionalismo) y de ICV-EUiA.
El proyecto nacional del PSC hizo aguas por la tensión con el PSOE -bajo presión del PP- y el miedo de verse acusado de “nacionalismo excluyente”, el dictamen del Tribunal Constitucional recortando un Estatut negociado por Zapatero con Mas, aprobado por el Parlement de Catalunya y votado en referendum, y la movilización de CiU y los poderes mediáticos de la burguesía catalana y la prensa madrileña (que han empleado todas las descalificaciones posibles contra el Govern tripartito en el terreno nacional y social).
Ante la sordera de la España oficial, surge de nuevo el relato victimista de CiU, que rentabilizó, mucho mas que las opciones soberanistas, los frutos de la enorme manifestación del 10J contra la sentencia del Estatut. La crisis ya era la principal preocupación de los catalanes y CiU se presentaba como la garantía nacional para hacerle frente.

Pero CiU ha utilizado el crédito así acumulado no para avanzar en el derecho a decidir, sino para lanzar un anatema descalificador contra un PSC agotado por las contradicciones internas, por los conflictos dentro del gobierno de izquierdas, por la incompetencia de Zapatero ante la crisis y las relaciones con Cataluña.
El PSC no ha sido capaz de responder a los grandes desafíos de la sociedad catalana, ni emanciparse tanto de la visión de CiU de Cataluña, como del  PP de España. CiU siguen siendo “los de aquí” y el PSC aparece continuamente como subsidiario del PSOE (y por extensión de España), mientras que en el resto del estado es presentado como un partido casi “separatista” por el PP (y una parte del PSOE).
Como al resto de partidos socialdemócratas en el gobierno, al PSC de fue mas fácil adaptarse a un modelo heredado de crecimiento y al discurso neoliberal, endeudarse que hacer una política fiscal progresiva. Durante años, la ampliación del pequeño estado del bienestar en Cataluña se ha financiado en el mercado de la deuda, no mediante la recaudación impositiva (incluso empleando el margen de una administración autonómica con poca autonomía fiscal y financiera como Cataluña).

Es más, se sumó acríticamente a la estupidez de ZP de que “bajar impuestos era de izquierdas” y la practicó suprimiendo los impuestos de patrimonio, de sucesiones… cediendo a las presiones del poder económico y de CiU y del PP,  con gran satisfacción  de una ERC en pleno giro socio-liberal.

El estrecho camino por donde transitar

El PSC tiene pues un difícil y angosto camino para reponerse y recuperar la confianza de su electorado.
A su izquierda tiene ICV-EUiA, con una oposición nítida al gobierno de CiU apoyado por el PP. Oposición tanto a las formas autoritarias de Mas, como al contenido de sus políticas, que va más allá del Parlament para situarse en las luchas de los movimientos sociales contra los recorte. Una oposición que denuncia asimismo la regresión social que Mas supone en Cataluña desde la vertiente ideológica, porque la batalla también está en el terreno de las ideas.

No en vano una reciente encuesta de La Vanguardia otorga a ICV-EUiA la mejor valoración en la tarea de oposición al gobierno CiU, por delante del PSC y ERC. Esta valoración queda reforzada por el hecho de que Joan Herrera es el segundo político mejor valorado (por detrás de Mas), pero por delante de Joaquim Nadal y Pere Navarro del PSC y Oriol Junqueras de ERC.

La encuesta proyecta unos hipotéticos resultados en los que mientras CiU y PP mantendrían los obtenidos en las elecciones autonómicas, el PSC sigue bajando, y sólo ERC (que recoge la desintegración del partido de Laporta) e ICV-EUiA subirían  de forma notable: entre 4 y 5 escaños cada uno.
ICV-EUiA está recogiendo los frutos de una coherente defensa del legado social del Govern tripartito y de la defensa de los derechos sociales y los servicios públicos frente a las políticas neoliberales de Mas.

Curiosamente, en la encuesta de La Vanguardia la valoración de los catalanes del Govern tripartito es más bien positiva o regular (56%) que negativa (43%) y, si bien suspendía en sus políticas económicas y contra la crisis, en cambio la nota era positiva en un 75% para las políticas sociales, de sanidad, medio ambiente y lengua catalana. Lo sorprendente es que a la pregunta si CiU lo hubiera hecho mejor, la respuesta en todos los casos es negativa en más de un 50% .

A pesar del clima de oponión que refleja la encuesta, el Congreso del PSC quiere desmarcarse de una oposición contundente y firme al gobierno Mas  y  marcar distancias con ICV-EUiA, a la que consideran parte de la “cultura de oposición”, mientras que ellos representarían la “cultura de gobierno” de las izquierdas.
Navarro, Belmón, Fernández, Nadal han intentado por diferentes vías enviar un mensaje a CiU en relación a los próximos presupuestos: “…Entendemos que hay que hacer recortes, estamos dispuestos a un entendimiento si pueden modularse y suavizarse…”.

 Y esto en un momento de horas bajas del Govern de CiU. Los abusos en la gestión de las nóminas de los empleados públicos, fruto de la prepotencia con la que gobierna, y los efectos de los recortes que han aplicado hacen que -como indican las encuestas de La Vanguardia y la del Centre d’Estudis d’Opinió- suspenda en su gestión, como también todos los consellers, especialmente aquellos que tienen relación con los servicios públicos. Lo cierto para los ciudadanos es que después de un año… Cataluña va a peor: más recortes, más paro, más desesperanza.

Sólo Mas se salva. CiU todavía es vista como la mejor opción para salir de la crisis. Pero el crédito se le agota: Mas ya ha anunciado su incapacidad para sacar a Cataluña de la crisis, de cumplir su promesa de reducir el paro a la mitad y proclama, un día sí y otro también, que no hay alternativas a los recortes y da una vuelta de tuerca más al proclamar que los recortes “son para salvar a Cataluña de la intervención de España”, como le ha ocurrido a la Generalitat Valenciana.

La vuelta de tuerca de Rajoy

Pero el gobierno de Mariano Termidor no necesita a CiU para gobernar y le ha aguado el argumento a Artur Mas. Con recortes o sin ellos ya ha lanzado su órdago contra las comunidades autónomas: Sus presupuestos deberán tener el visto bueno del ministerio de economía, antes de ser aprobados en los respectivos parlamentos.

Es una declaración “de guerra” que ha sido calificada de “inadmisible e inaceptable” por el portavoz de la Generalitat. Pero Mas sabe que las medidas provienen de los “think tank” de Merkel i Sarkozy de los que hasta hace dos días se proclamaba alumno aventajado, el primero de la clases en recortes sociales.

El “no” a la investidura de Rajoy, que ni nombró el “pacto fiscal” pese a las súplicas de Duran i Lleida, ya fue una señal inequívoca que el PP no iba a hacer concesiones a CiU. Ahora va a probar su propia medicina… la ortodoxia neoliberal y no le va a gustar… CiU hace recortes sociales “por Catalunya” y el PP le recorta a Catalunya derechos nacionales “por España”…

De hecho el anuncio del PP es como una segunda parte de la sentencia del Tribunal Constitucional, la primera cercenó los derechos nacionales y lingüísticos; la ley que prepara el PP ataca directamente la autonomía financiera de la Generalitat poniendo –de facto- todo el Estado autonómico bajo tutela. Una regresión hacia la reestatalización en toda regla que hará las delicias de UPyD… ahora ya no es el café para todos… es aceite de ricino para todos y para Catalunya son dos tazas.

La excusa del déficit de las autonomías (la mayoría gobernadas por el PP y estas tienen un déficit espectacular) es perfecta para la política “recentralizadora” del PP y que ya llevaba meses reclamando a ZP. Se entrevé un largo periodo de conflictos entre autonomías y el Estado… que puede acabar con otra reforma constitucional exprés que ataque al título VIII de la Constitución por la vía del control presupuestario

De la euforia de 2008 en el desierto de 2011

El PSC, que dominaba todos los resortes del poder político en 2008, ahora transita por un desierto desconocido en 30 años de existencia y debe presentarse ante Mas ofreciéndose como “fiel escudero”, esperando convertirse en el valedor de las clases medias castigadas por la crisis.

Los socialistas catalanes también se han apuntado a la “geometría variable” de CiU, pero al revés. Si CiU, en minoría en el Parlament, espera pactar con PP, PSC i ERC dependiendo de la ley a aprobar; el PSC espera que esa geometría variable se torne imposible por el énfasis recentralizador del PP y se haga insoportable a los ojos del electorado convergente seguir los acuerdos con los populares de Sánchez–Camacho en Catalunya y con Rajoy en España.

Históricamente la burguesía catalana nunca ha roto “la cuerda” que ata sus intereses a los de España, más difícil parece en los momentos actuales que CiU no tan sólo rompa con el PP por el ataque al Estatut i el autogobierno –como le exigen PSC i ICV-EUiA- y avance hacia la independencia –como le exigen ERC i Solidaritat-, sino que romper con el PP implica aislarse de la Europa neoliberal que aplaude las medidas de Rajoy i Guindos.

El PSC se ofrece una y otra vez a CiU a cambio de ser un socio estable, a cambio de que Mas entierre la “geometría variable” que los hace aparecer como un apéndice, como un producto de “usar y tirar”.

Pero los resultados de la entrevista de Navarro con Mas han sido bastante escasos, de pura cortesía. CiU no quiere colaborar con el PSC, quiere utilizarlo y ya está. Quiere que avale sus políticas de austeridad y recortes sociales y se calle como penitencia para expurgar sus pecados en el Govern tripartito.

Mas no quiere un acuerdo estable con el PSC que le permita aparecer a este como un elemento moderador de su política de contrareformas radicales, en las que coincide con el PP. Se le agotaría además una de las coartadas favoritas que justifican su política de recortes: la “despilfarradora gestión” del Govern tripartito. En estos términos, al PSC el camino a su derecha se le hace prácticamente intransitable e insufrible.

En esta disyuntiva estratégica, el PSC no remonta, sigue en caída libre y perdiendo porcentaje de voto y la confianza de su electorado. En la valoración de líderes, Nadal es mejor considerado por los votantes de ERC y PP que por los suyos. Lo mismo ocurre con Navarro, nuevo primer secretario del PSC, al que los votantes de todos los partidos (de CiU a ICV-EUiA) lo valoran mejor que los propios del PSC. Es sólo una encuesta, pero una muestra evidente de que “algo no va bien”.
Como apuntábamos, el movimiento 15 M ha pasado factura al PSC más que a otros partidos. El “no nos representan” ha resonado alto y fuerte en un electorado progresista que ha constatado la enorme distancia entre la ética y la realidad de unas estructuras de partido en las que predominan los “señores de la política” con privilegios, sueldos y dietas propias de una casta al margen del pueblo, un pueblo que iba acumulando efectivos en las filas del paro mes a mes.
El PSC, después de un año, no recoge ningún fruto de su política conciliadora con Mas (facilitó su investidura) y de su oposición de guante blanco (el 31% cree que debería ser más dura), al contrario retrocede en apoyo social, mientras que ICV-EUiA y ERC suben. La mayoría percibe el congreso del “nuevo PSC” como “más de lo mismo” y el próximo Congreso del PSOE puede añadir más leña al fuego.

¿El fin de la idea federal?

En el debate en las filas del socialismo español también se juega una parte importante del Congreso del PSC, como si de una segunda vuelta se tratara. Y no porque una de las candidatas sea militante del PSC, Carme Chacón, sino porque el otro candidato, Pérez Rubalcaba, hizo una  presentación de su candidatura que firmaría el propio Bono.
El discurso de Rubalcaba, plagado de retórica, exigía un mismo discurso del PSOE para toda España – “la misma voz” – en una clara alusión a Chacón, pero sobre todo un torpedo al concepto federal que, al menos formalmente hasta ahora, habían tenido los socialistas españoles. Rubalcaba destiló un discurso en el que la España diversa está de más, es un déficit y cree que una parte de su electorado le ha dado la espalda por ser demasiado blando hacia los nacionalismos (otra vez el repudiado Govern tripartito…). El PSOE tiene que volver a ser un “partido nacional”.
Naturalmente, los medios catalanes han puesto de relieve el giro de Rubalcaba y la incomodad de Navarro, no tanto para decantarse por uno de los candidatos en liza, sino porque esto aleja al PSC de una parte de su electorado y de su base popular, que entienden el “catalanismo político” como parte de un proyecto federal, así como del sector de votantes que no están dispuestos a votar a un partido que “no defiende los intereses de Cataluña”.


La nueva etapa necesita un Frente social de izquierdas

El PSC ha pasado por su XII Congreso sin abordar los desafíos planteados por la globalización económica. La nueva ejecutiva deberá abordar una estrategia de alianzas en el campo social y político.
La nueva etapa requiere acumular fuerzas a partir de las luchas contra la precarización de una parte importante de la sociedad catalana (un 25% ya vive por debajo de los umbrales de la pobreza). Una acumulación de fuerzas para generar alternativas en beneficio de las clases trabajadoras y populares y que necesita de la más amplia alianza de las fuerzas de izquierda, sindicatos, 15 M, movimientos sociales, asociaciones… y debe estar forjada en las movilizaciones. El PSC puede tener un lugar si mira hacia la izquierda.
No hacerlo es dejar paso libre a las políticas conservadoras que alimentan el miedo, el paro y la precarización… caldo de cultivo para los populismos demagógicos (PP + PxC) e identitarios, que estimulan el conservadurismo y la resignación frente a la ley de la selva. Y sin abordar estos problemas de fondo, el PSC seguirá en la encrucijada, mirando a su derecha y sin estrategias de alianzas a su izquierda
¿Girará el PSC hacia la izquierda, hacia los movimientos sociales? Una parte de su electorado y cuadros así lo quisiera. El PSC sigue siendo el partido más votado de las izquierdas y es necesario tender puentes para sumarlo a un frente social para articular una respuesta amplia y contundente a las políticas de sumisión de CiU a los mercados y la Europa de Merkel y Sarkozy.
El aumento de apoyos de ICV-EUiA, incluso con el reconocimiento que a su trabajo de oposición dan las encuestas (con su reflejo a nivel del Estado en IU, o en el caso vasco a Amaiur), no es suficiente para resistir o detener la ofensiva neoliberal contra las condiciones de vida de las clases trabajadoras, el desmantelamiento del ya débil estado del bienestar, el recorte de los derechos sociales y los servicios públicos. Ningún partido, ni sindicato, ni movimiento social tiene la fuerza suficiente para plantar cara por sí solo.
El PSC debería salirse de este camino tan angosto por en el que transita. Esperemos que cuando lo haga coja el camino hacia la izquierda.

Una respuesta a El Partit dels Socialistes de Catalunya en la encrucijada

  1. Nicolás dice:

    Aún no he oido a nadie pidiendo responsabilidades. Y las hay.

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