La estrategia liberal de salida de la crisis y el recorte de las pensiones

Extraido de:

La estrategia liberal de salida de la crisis y el recorte de las pensiones
Gabriel Flores
Fuente: Nueva Tribuna

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En mayo de 2010, los poderes económicos y las fuerzas políticas conservadoras y liberales que copan los órganos de gobierno de la UE y de la gran mayoría de los Estados miembros pusieron sus cartas boca arriba y manifestaron abiertamente sus intenciones. Tenían la voluntad y la fuerza para aprovechar la crisis de la deuda soberana de la eurozona y avanzar en un proyecto económico y político de salida de la crisis que consiguiera desbaratar las restricciones sociales y políticas que se oponían al libre despliegue de la lógica económica de los mercados, apuntalar el modelo de acumulación o crecimiento neoliberal que la crisis económica global había puesto en entredicho y mejorar la posición relativa del capital y de las clases y grupos sociales que concentran las mayores rentas y los grandes patrimonios.

A partir de aquella fecha, la alternativa conservadora ha avanzado un gran trecho a pesar del distanciamiento crítico que muestra buena parte de la ciudadanía y de la resistencia de una parte no mayoritaria pero tampoco insignificante de las clases trabajadoras y de la juventud de los países del sur de Europa. El diagnóstico conservador considera que los dos problemas centrales de los países periféricos de la eurozona son una muy baja y declinante productividad del trabajo y un excesivo endeudamiento público y privado. En consecuencia, prescribe a esos países una cura de caballo que pasa por una devaluación interna larga y dolorosa que combina al menos cuatro procesos:

Primero, una consolidación fiscal encaminada a reducir el déficit del sector público al 3% del PIB en 2013 y, posteriormente, una perpetuación del ajuste fiscal que garantice el equilibrio permanente de las cuentas públicas y una pronta reducción de la deuda pública hasta lograr situarla por debajo del 60% del PIB.

Segundo, un saneamiento y recapitalización del sector bancario que se apoya en las garantías y la financiación que proporciona el Estado y una reordenación del tejido empresarial de las instituciones financieras que concentre el negocio en los bancos más solventes.

Tercero, una disminución sustantiva (alrededor del 20%) de costes laborales, presión fiscal sobre las empresas y gasto público que pretende aumentar la competitividad de las exportaciones y que el consiguiente aumento de las ventas en los mercados internacionales compense la inevitable caída de la demanda interna. La reforma y abaratamiento del sistema público de pensiones o la reciente propuesta alemana de alcanzar un pacto de competitividad basado en la desvinculación entre los salarios y el comportamiento de los precios forman parte de este objetivo.

Y cuarto, una desregulación de las relaciones laborales, a la que interesadamente denominan flexibilidad, que tiene por objetivo reforzar la capacidad de decisión unilateral de las empresas, debilitar el poder sindical y dificultar la propagación de las mejoras de los salarios y las condiciones de trabajo mediante la negociación colectiva.

Con matices y ritmos diversos, no pocas inconcreciones y algunas diferencias en sus contenidos y en las formas de gestionar las reformas, ésos son los mimbres básicos que conforman la salida liberal a la crisis que comenzó a imponerse en mayo de 2010 y que siguen aplicando con gran diligencia los órganos de poder político de la UE y de los Estados miembros.

Está claro el contenido antisocial de una gran parte de las medidas de austeridad y reformas estructurales que se han impuesto o van a imponerse en los próximos meses y la injusticia que supone cargar de manera tan unilateral los costes generados por la crisis sobre las clases trabajadoras. Sin ningún pudor, se recortan derechos laborales y sociales y se desmantelan o debilitan los bienes públicos y las redes de protección social que reducen los riesgos de pobreza y exclusión y ofrecen oportunidades a los sectores sociales desfavorecidos.

No está nada claro, en cambio, que esas políticas y reformas puedan solucionar los problemas de fondo que afectan a la gestión de los contradictorios intereses nacionales y sociales que la crisis del euro ha puesto en evidencia ni, mucho menos, que contribuyan en algo a superar las debilidades estructurales y la solvencia de las economías periféricas de la eurozona. Es éste un debate abierto que sólo irá aclarándose y dando o quitando razones a medida que el paso del tiempo vaya revelando los efectos y resultados de las políticas neoliberales que se han impuesto.

A mi juicio, las políticas de austeridad y las denominadas reformas estructurales están conduciendo a las economías periféricas de la eurozona y al propio proyecto de construcción de la unidad europea hacia un callejón sin salida. La gestión liberal de la crisis que lideran Merkel y Sarkozy y respaldan los mercados y los órganos de poder de la UE aleja las soluciones cooperativas y pretende lograr dos imposibles: primero, que la rivalidad entre economías con una enorme desigualdad en su capacidad de competir resuelva problemas estructurales de especialización productiva que ocasionan la insolvencia de los socios menos avanzados o periféricos; y segundo, que mayores dosis de disciplina presupuestaria y homogeneidad de las variables monetarias (niveles de precios e intereses) acompañadas de un mayor poder sancionador comunitario permitan sortear las incoherencias, debilidades institucionales y pésimo gobierno de la eurozona.

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