Cambiar o reformar el modelo económico, unas preguntas

Cambiar o reformar el modelo económico, unas preguntas
Antonio Fuertes Esteban

Tengo el convencimiento de que los mandatarios que han promovido o han fomentado el actual desorden económico no van a reconocer que el modelo estaba equivocado, sino más bien que algo se les escapó de las manos. Mientras perseguían el crecimiento del PIB nacional a toda costa y con ello el beneficio de sus empresas y entidades financieras no tomaron las debidas precauciones. La cumbre convocada en Washington los días 14 y 15 de noviembre por el gran impostor George Bush y en la que se reúnen los países más desarrollados – con la presencia de España o sin ella- y los países emergentes, está justificada por la necesidad – todo tripulante exige del capitán y sus oficiales que se reúnan y tomen medidas para salvar al barco del naufragio, independientemente de que el rumbo fuera o no el correcto para sus intereses.

Sin embargo un gran problema actual tiene que ver, más allá de la crisis de confianza de los mercados, con la justificada desconfianza de una mayoría de ciudadanos y ciudadanas con sus representantes, que han promovido el desgobierno del barco, y en que los mismos sean ahora capaces de mantenerlo a flote y llevarlo a buen puerto. Este problema es el que priva a la ciudadanía de guías visibles y comprensibles de acción y genera confusión, desafección y abandono respecto de cualquier iniciativa o proyecto colectivo.

Claro que, en un mundo en el que la globalización habría de haber constituido una oportunidad que hiciera posible orientar las políticas hacia la cooperación y la paz entre países y pueblos, al desarrollo sostenible y al bienestar de las sociedades, no es solo un fracaso del sistema, sino una absoluta estulticia, una gran mentira que los promotores de este fiasco pretendan ahora ser nuestros únicos salvadores.

Es por ello que los desposeídos de bienes o de poder no podemos esperar mucho de esta cumbre en las circunstancias en la que se va a dar – con la presencia o no de España vuelvo a repetir y ese no es el tema que debería ocuparnos- y no obstante esta cumbre puede constituir una oportunidad para forjar alianzas y contrapoderes alternativos a un sistema deslegitimado y ello a nivel local y a nivel global, ambos necesarios. Los países empobrecidos, las fuerzas del trabajo y sindicales, las ONG’s solidarias y por el desarrollo, los movimientos sociales y la ciudadanía no van a estar representados en esta gran ceremonia de la confusión de la opinión pública, la Organización de Naciones Unidas como siempre no pinta nada, y es por estos entre otros motivos que esta cumbre sólo salvará a los ricos y poderosos.

Hubiera sido esta una circunstancia única para que unos “supuestos mandatarios responsables” se propusieran re-fundar una Organización de Naciones Unidas, actualmente convaleciente, en la que todos los países y pueblos estuvieran auténticamente representados, así como la sociedad civil, en la que no se diera el derecho a veto y que constituyera el auténtico motor del cambio hacia un nuevo orden mundial, pero como siempre los intereses de las multinacionales y países desarrollados son los que han de ser auténticamente salvaguardados, más allá de la auténtica democracia y los derechos humanos.

Breton Woods legitimó el nuevo orden de post-guerra y las instituciones se conformaron (NN.UU, BM, FMI,…) a la medida de los vencedores, fundamentalmente EE.UU, esta posición marcada de partida ha causado grandes problemas a la autoridad de Naciones Unidas, al mantenimiento del “new deal” , al desarrollo del Estado de Bienestar Europeo, a los países del Tercer Mundo y a la gobernanza mundial. El estatus Imperial ha marcado el carácter y el signo de la democracia en el mundo. Uno de los efectos de esto es que los intereses de expansión de EE.UU hayan promovido el modelo fundamentalista de mercado, colonizando primero todos los centros de decisión política y después encantando a representantes políticos e institucionales de derechas e izquierdas.

Ahora llega el gran Crash, el modelo Anglosajón ha hecho aguas, EE.UU ya no es el único en el reparto de poder…. etc, pero la ciudadanía mundial, ahora más que nunca ha de interpelar a sus políticos sobre las grandes preguntas, las que tod@s guardamos dentro, es tiempo de sacarlas a la luz y al debate público:

¿Democracia significa libertad justicia e igualdad?

– Porque si esto es así como el orden democrático nacido en Breton Woods ha podido llevar a una situación en pleno corazón del Imperio en el que las 400 mayores fortunas de EE.UU tienen tanto capital como 40 millones de personas del mismo país EE.UU, en donde solo en New York existen en la actualidad 1600 comedores sociales para gente necesitada. Por no hablar claro está de las conocidas cifras del hambre en el mundo, de la falta de financiación para el desarrollo y de la financiación de las pérdidas de la avaricia de las entidades financieras. ¿No es hora ya de poner límites a la propiedad y redistribuirla, para cuando?

¿Democracia quiere decir que los legítimos representantes de los ciudadanos puedan tomar decisiones más allá de la presión de los poderes económicos?

– Porque si esto es así ¿por qué no se ha procesado y castigado a los grandes banqueros delincuentes de nuestro país? ¿por qué no se acaba con los Paraísos Fiscales?

¿Democracia es jugar en el casino con el dinero de los contribuyentes?

– No y el Sr. Solbes, Ministro de economía lo debería de haber tenido claro al igual que nuestros sindicatos mayoritarios, cuando el año pasado tuvieron la intención de aprobar que el 30% de los fondos de reserva de la Seguridad Social, alrededor de 45.000 millones de euros, se empleara en invertir en bolsa en renta variable. Menos mal que al final no se tomó la medida, ¿Quizá ATTAC contribuyó en algo a ello mediante su manifiesto? si no este año los pensionistas españoles hubieran perdido ya más del 50% de su fondo de garantía.

Más allá de la crisis financiera y su necesaria regulación, los ciudadanos han de interpelar también a políticos y hacer que lo hagan los líderes sindicales sobre aquello que hace que el orden actual sea ineficaz, injusto y promueva activamente la desigualdad, la imposición de los poderes económicos sobre gobiernos y los ciudadanos y el desarrollo insostenible.

Antonio Fuertes Esteban es miembro de ATTAC y Tax Justice Network

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