Y a todo eso, ¿qué dicen las ponencias del Congreso del Partido Popular?

Y a todo eso, ¿qué dicen las ponencias del Congreso del Partido Popular?
G. Buster y Daniel Raventós
Fuente: Sin Permiso 

 “Si la ponencia económica es claramente neoliberal, la política es meridianamente neoconservadora. Los neocons nunca han dudado de las prescripciones económicas neoliberales, especialmente del objetivo principal: la restauración de un poder de clase sin interferencias. Pero se apartan de los neoliberales en lo que podríamos englobar como ‘valores morales’.”

Durante los días 20, 21 y 22 de junio se realizará el XVI Congreso del Partido Popular, el principal partido de la derecha española.

El Congreso tendrá lugar en plena crisis de un partido surgido como representación política orgánica en las capas dominantes de la burguesía española en el tardofranquismo y que, a partir de la matriz de su sector más derechista, Alianza Popular, ha ido integrando a todos los sectores ideológicos más “modernizadores” (liberales, conservadores, democristianos…) en un único espacio político con capacidad de ejercer hegemonía ideológica no sólo sobre un importante sector de las clases medias, sino con capacidad de penetración espiritual también entre los trabajadores asalariados. Con la memoria histórica positiva de la CEDA [Confederación Española de Derechas Autónomas] en los años 30 y la negativa de la dispersión de las fuerzas políticas de la derecha en los primeros años de la Transición, el PP ha sido capaz de renovarse ideológica y generacionalmente en los dos mandatos de Aznar (las legislaturas que van de 1996 a 2004) a partir de la integración de la burguesía española en la Unión Europea y la globalización neoliberal, con un modelo de estado capaz de sostener económica y políticamente su hegemonía de clase sobre la base ideológica de un constitucionalismo españolista de raíz liberal-conservadora, que viene a prolongar una importante articulación nacional-católica.
Este congreso viene precedido de mucha animación y polémica. Difícilmente podía ser de otra manera después de una estrategia de polarización social y política basada en el cuestionamiento de la legitimidad democrática de la victoria del PSOE el 14 de marzo del 2004, su bloqueo desde las instituciones del estado de todas las propuestas de cambio democrático, por moderadas que fueran, y la importantísima movilización extraparlamentaria que ha sostenido. Esa estrategia, que ha sido capaz de aumentar su porcentaje de voto en un 3% en las elecciones del pasado marzo, un incremento de porcentaje mayor que el de ningún otro partido, tenía, sin embargo, que entrar necesariamente en crisis, si no se revelaba capaz de obtener una victoria electoral por mayoría absoluta; pues corolario ineluctable de la estrategia era la imposibilidad de alianzas con cualquier otra fuerza política, señaladamente los partidos nacionalistas que representan a las burguesías catalana y vasca, CiU y PNV.
Como era previsible, aun si no con la intensidad que está alcanzando, después de la derrota en las últimas elecciones a las Cortes españolas del pasado 9 de marzo (en las que el Partido Popular obtuvo 153 escaños y el PSOE 169 –176 es el número que da la mayoría absoluta—), se ha destapado una batalla interna de grandes proporciones y de vistosidad inesperada. La pugna enfrenta, de un lado, a una coalición de los sectores  más duros ideológicamente (algunas de cuyas cabezas visibles son Esperanza Aguirre, Ángel Acebes, María San Gil y el propio José María Aznar, aunque también cabe mencionar a personajes secundarios, pero con algún simbolismo especial para el PP como Ortega Lara y el campanudo Vidal Quadras), y del otro, al actual jefe del partido, Mariano Rajoy, que representaría un sector no mucho menos ultramontano, pero sí partidario de cambiar la táctica de confrontación permanente con el gobierno del PSOE y las fuerzas nacionalistas mayoritarias catalanas y vascas, a fin de intentar un nuevo asalto al gobierno en las próximas elecciones generales del año 2012, no, esta vez, fiándolo todo a una harto improbable mayoría absoluta del PP, sino preparándose para una coalición con las fuerzas políticas de las burguesías periféricas del Reino (Jorge Moragas, asesor de Rajoy, declaraba en una entrevista en El País publicada el 25 de mayo: “no renuncio a que me vote un nacionalista moderado”).

Estalla la crisis larvada

De todos los conflictos internos que ha habido hasta el momento, el que más impacto mediático ha tenido es la protagonizada por María San Gil, presidenta del PP en la Comunidad Autónoma Vasca y uno de los puntales sobre los que el PP ha construido su rentabilización política de las victimas del terrorismo y su farisaica confrontación con los nacionalismos periféricos. María San Gil, fiel discípula del veterano dirigente del PP Mayor Oreja –-que se caracteriza por su filofranquismo sin tapujos (afirmó en octubre pasado que se negaba a condenar la dictadura franquista porque “representaba a un sector muy amplio de los españoles”) y por ser uno de los mayores empresarios de la seguridad privada en Euskadi, tras haber sido ministro del Interior—, era una de las encargadas de la redacción de la ponencia política del próximo congreso del PP. Esta vocinglera dirigente del PP, que piensa y declara que “con Franco vivíamos en paz”, dio un golpe de efecto el 11 de mayo, poco antes de la presentación pública de la ponencia, al dimitir del equipo de redacción porque “no se fiaba del nuevo Rajoy”. Posteriormente anunció que dejaba la máxima dirección del PP vasco. Su desplante desencadenó una ristra de declaraciones de entusiasta apoyo de las cabezas más visibles de los sectores más ultramontanos del PP y de su entorno. Sectores que tienen el apoyo de los medios de comunicación radiofónica y escrita más descarnadamente amarillistas y demagógicos, ligados a las franjas más extremas de la derecha, como la cadena radiofónica de los obispos españoles (la COPE), o los periódicos La Razón y El Mundo (y una parte del monárquico cotidiano madrileño ABC), así como la web “libertaddigital.com” (una pintoresca amalgama, made in Spain, de neoliberales berroqueños à la Hayek y astutos mercenarios a sueldo de la más rancia clerigalla), entre otros. Pedro J. Rodríguez y Jiménez Losantos (1) han puesto toda la carne en el asador en esta batalla para lograr que los ultras se hagan con el poder del PP. Quisieran volver a tener en su órbita al principal partido de la derecha española, y la perspectiva de un distanciamiento de la dirección del PP como el que ahora existe de al menos tres años más, hasta el congreso previo a las próximas elecciones, parece mala cosa, desde luego para sus negocietes, pero acaso también para el temperamento narcista y ególatra de estos dos gacetilleros sobredimensionados por las raras circunstancias polítivas vividas en los últimos años. Lo cierto es que con Rajoy ya han quemado todos los puentes que podrían facilitar futuros acercamientos.
Los sectores más ultramontanos cuentan también con el apoyo de la FAES, la macrofundación de estudios del PP, desde la que mantiene su ascendiente intelectual sobre la derecha social y política española el expresidente Aznar. Unión, Progreso y Democracia, el nuevo partido monolemáticamente “antinacionalista” que logró un escaño en las pasadas elecciones, el de Rosa Díez, ya se ha manifestado dispuesto a pescar en río revuelto, abriendo sus puertas a los que no se encuentren cómodos en el PP, es decir, a sus sectores más extremistamente españolistas. (Lo que acaso diga más de la verdadera naturaleza política de este joven partido que las docenas de pretendidamente enjundiosos panfletillos escritos por habituales tiralevitas.)
Pero el cuestionamiento de María San Gil, con su desafío, no solo político, sino también “moral” –el escándalo farisaico a cuenta de la falta de “moral” ajena es sello distintivo de estas gentes— al liderazgo de Rajoy, responde a una estrategia que comenzó como una suma de descontentos y de movimientos sucesorios ya antes de las recientes elecciones. Que su foco mas importante fuera Madrid, con el choque de trenes entre la presidenta de la comunidad autonómica, Esperanza Aguirre, y el alcalde Alberto Ruiz Gallardón –que representan dos redes clientelares diferenciadas en el macronegocio inversor de la región del Reino que más ha crecido, hasta situarse en el 125% de la renta media comunitaria, a costa de un endeudamiento público de 10.000 y 6.000 millones de euros, respectivamente— era también previsible. Porque la derecha en Madrid ha consolidado una hegemonía de hierro, con la victoria sucesiva en quince elecciones desde 1985, que la sitúan con 10 puntos de ventaja por encima de conjunto de las izquierdas y la habilitan como el principal granero de votos de la derecha española. Cualquier diferencia estratégica o táctica en el PP precisa de una base de apoyo en Madrid.
Por eso cuando Esperanza Aguirre comenzó a mover pieza para rentabilizar internamente a su favor ese caudal de votos ante la previsible derrota electoral de Rajoy, vetando en las listas a Gallardón, la magnitud del conflicto sucesorio estaba anunciada. Lo sorprendente, o mejor dicho, lo que merece ser explicado en términos políticos es cómo Rajoy fue capaz de resistir esta primera embestida, sin dimitir al día siguiente de la derrota electoral, conforme se le exigía, y cómo, en cambio, fue capaz de empeñarse en la reconstrucción de un proyecto de liderazgo de la derecha fundado en la ruptura con la estrategia de polarización y confrontación total heredada de Aznar. Eso es lo que el inminente Congreso del PP tendrá que validar o rechazar.
La espantada de María San Gil, en un principio por discrepancias con la ponencia política (algo insostenible porque, como se verá a continuación, difícilmente podría ser esta ponencia más derechista sin confundirse ya abiertamente con la extrema derecha), y posteriormente, como se ha dejado dicho, por “desconfianza” hacia el actual jefe del partido, sintetiza políticamente y da contenido “moral” (sic) a la amalgama de intereses que defienden la continuidad de una estrategia de confrontación total con el Gobierno Zapatero, reproduciendo esa misma estrategia en el interior del PP frente a Rajoy. Las espadas están en alto, y el desenlace del Congreso dirá si se trata de un acierto o de un grosero error táctico de estos sectores de la derecha. Pero sea ello como fuere, lo indiscutible es que debilita considerablemente al PP para cualquiera de las opciones estratégicas en liza. Estamos ante un acontecimiento político de gran importancia, puesto que se trata de la primera gran fractura política seria de la derecha española en veinte años.
El XVI Congreso del PP discutirá el próximo junio en Valencia las ponencias políticas y económicas que pasamos a analizar.

La ponencia política

La ponencia política consta de 24 páginas y 236 tesis. La económica, de 45 páginas y 134 tesis, así como de varias decenas de subtesis.
La ponencia política es una reafirmación de las tesis mantenidas a lo largo de los últimos cuatro años de oposición. Tiene una obsesión desde la primera a la última página: vertebrar el granespañolismo del próximo período. En estas 24 páginas, la palabra “España” aparece 51 veces; la palabra “nación” o “nacional” (referida, claro está, a España) se repite 60 veces y, por si faltase alguna precisión más, la locución “gran nación”, 3 veces, y “pueblo español”, 5 veces.
En la tesis 5 ya se dice claramente: “El Partido Popular asume como propia la defensa de la idea, de la realidad, de la historia y del proyecto de España”. Y en la tesis siguiente: “Entendemos que la nación española es un proyecto histórico que tiene su origen en una historia común de siglos que culmina en la Constitución de 1812 –origen de nuestra Modernidad política— y en la Constitución de 1978.”
Después de declarar de distintas formas y con diversos pero subidos tonos de embeleso que la Constitución de 1978 es una maravilla sin par, “probablemente lo mejor de nuestra historia” (tesis 7), se pasa al apartado de “principios y valores del PP”, en donde se recita la consabida cantilena de la adhesión a los valores, “típicamente occidentales”, de “democracia”, “mercado libre”, “gobierno limitado”, “libertad individual”, etc.
En la tesis 30 se declara la necesidad de tener una voz potente en el exterior, “para defender nuestros intereses nacionales y proyectar nuestra lengua común y nuestra cultura”. Como se puede observar, no hay lugar a confusión sobre la lengua a la que se refiere el PP y a la única cultura, singular, claro está, que tienen en la cabeza los redactores de estas tesis. Y en la 31 se defiende la “indisoluble unidad de la Nación española” (la mayúscula la ponen los redactores del programa). En la tesis 34, perfectamente en armonía con el granespañolismo reiterado en las tesis previas, un amago: “Ningún territorio, ninguna parte de la población están legitimados para privar de ese poder de decisión al conjunto de los españoles”. Dicho de otra forma: si alguna sedicente nación de este Reino pretende el derecho de autodeterminación, no son sus habitantes y residentes quienes deben decidir, sino todos los legalmente españoles. La vieja canción del nacionalismo español en tono baritonal (aunque en su versión menos insincera). Pero no se trata sólo del derecho de autodeterminación, el vade retro Satanás del PP, sino aun de marcos legales mucho menos exigentes, como los estatutos de autonomía de Cataluña y el País Vasco (los otros estatutos ni se mencionan en todo el documento; éstos, sí): “todos los españoles” tienen “derecho” a “opinar sobre la cuestión” (tesis 66).
El PP se declara en la tesis 44 “[p]artido liberal que asume la tradición del liberalismo español surgida de la Constitución de Cádiz”. En su concepción liberal de la sociedad, proclama la defensa, en la tesis 48, de la “libertad individual frente a las intromisiones de los poderes públicos”, y se declara contrario a “cualquier exceso de intervencionismo”. Y en la aledaña tesis 51 queda harto más concretado el ideal liberal del PP: “El PP cree en una política económica al servicio del bienestar del conjunto de la sociedad” (que es la parte de retórica de obligada redacción) “y basada en la libre iniciativa privada” (que ya es el núcleo de la cuestión).
En el siguiente apartado, titulado “España, gran nación de ciudadanos libres e iguales”, descubrimos que “España es la nación más antigua de Europa, fruto de una historia común labrada de manera voluntaria [sic] durante más de cinco siglos por todos los españoles”. Las tesis siguientes son de un tenor similar. Por ejemplo, la tesis 58: “Somos una sola nación cuya soberanía corresponde en exclusiva al pueblo español”. En la tesis 60 se advierte del peligro catalán y vasco (y en menor medida, del gallego).
Para el PP, “España” está en una “alocada subasta”, de la que son igualmente culpables los partidos nacionalistas –se calla por sabido que de “nacionalista” el PP no tiene nada: ¡fascinante falta de proporción, habitual en los nacionalismos acostumbrados a oprimir a otros!— y los socialistas. Resulta que el PSOE se ha mantenido en el poder “a costa de ceder en lo que es de todos”, “hasta el punto de dejar casi ayuno de competencias al Gobierno de la nación” (tesis 68). Recordaban Gerardo Pisarello y Jaume Asens en un artículo de Sin Permiso electrónico del pasado 18 de mayo el “nacionalismo banal” al que se refiere Michael Billing, es decir, “este tipo de nacionalismo pocas veces admitido por quienes lo ejercen. No obstante, opera a través de mecanismos cotidianos como la presencia de los símbolos del Estado en edificios oficiales, monedas, competiciones deportivas o sencillamente en el vocabulario asumido acríticamente por medios de comunicación, políticos y personajes públicos, entre otros.” Sería por nuestra parte caer en una excesiva benevolencia afirmar que el PP puede incluirse en el nacionalismo banal. El suyo es un nacionalismo extremadamente agresivo, cuya mejor muestra es la práctica realizada en los últimos 8 años, cuatro en el gobierno y cuatro en la oposición. Tesis 71, trompetas y tambores: “Estos valores deben formar parte del acervo común de todos aquellos que sentimos con orgullo nuestra pertenencia a esta vieja y gran nación llamada España”.
El grupo de tesis que van de la 75 a la 89 está dedicado a “la derrota de ETA”. Son las conocidas tesis de que a ETA solamente se la combate con palo, palo y palo. Al PNV se le hace poco menos que cómplice de ETA: “No se puede decir que el PNV es partidario del terrorismo de ETA [sic], pero sí podemos afirmar que no colabora con su derrota”. Más adelante,  las tesis se refieren a las víctimas del terrorismo. Tesis 89: “Acompañaremos y ampararemos siempre sus reivindicaciones”. Frase significativamente parecida en contenido a la manifestada por Jaime Mayor Oreja cuando ejercía de Ministro del Interior en los gobiernos del PP: “Las víctimas siempre tienen razón”. Comentaba al respecto Javier Ortiz en Público el 14 de mayo: “¿Qué ciencia infusa aporta el hecho de ser víctima? ¿Y dónde está la razón, cuando las víctimas no se ponen de acuerdo entre sí? ¿Tiene más razón la viuda de víctima, el hermano de víctima o la propia víctima, si sobrevive? Por lo demás, ¿quiénes tienen más razón: las víctimas de ETA o las de los GAL? ¿Debemos atenernos todos fielmente a las preferencias políticas de Segundo Marey? ¿O habremos de hacerlo a las de la viuda de García Goena, o a la de Fernando Buesa, o a la de Gregorio Ordóñez, que no coinciden entre ellas ni en la hora que marca el reloj?” No son preguntas retóricas.
Las tesis restantes se refieren a la globalización, la educación, la igualdad, la familia, nuestros mayores, los jóvenes, la seguridad, la inmigración y la política internacional. Nuestra impresión es que estas tesis, aparte de las que se refieren de forma muy resumida a los temas que están mucho más detallados en la  ponencia económica que analizamos más abajo, tienen mucho de relleno. En un congreso deben debatirse formalmente muchos puntos programáticos y las tesis a ello responden. Pero a buen seguro que no estará aquí la polémica ni el interés estratégico central del PP en el próximo período poscongresual. En estas tesis quizás cabe destacar los siguientes puntos. La llamada a una reforma laboral: “Más competitividad supone disponer de una legislación laboral que prime la productividad” (tesis 94, se repite con distintas palabras en la tesis 231). La consabida deducción fiscal (tesis 95, 214 y 228) para promocionar la capacidad de ahorro de las empresas, la defensa cerrada de la intangibilidad del mercado y de la propiedad (tesis 99), la defensa de la inhibición gubernamental en la regulación del mercado (tesis 101 y 227), así como de la independencia del Banco Central Europeo (tesis 214). Estas tesis, que en la ponencia política se enuncian sólo superficialmente, están, como veremos, detalladas en la ponencia económica.
“El derecho a estudiar en castellano en todo el territorio nacional” (tesis 110), que se contradice para un lector objetivo con la tesis 111, que afirma que el PP defiende en el ámbito de la educación “la libertad de elección lingüística en todo el territorio nacional”. Un lector objetivo interpretaría que esto quiere decir lo que dice, es decir, que todo ciudadano tiene la libertad de elegir en materia de educación en todo el territorio del reino cualquiera de las cuatro lenguas oficiales. Pero es evidente que se refiere únicamente a la libertad de elegir el castellano en todo el territorio del reino como bien explicita la tesis 110.
Sobre la inmigración, se incide en el control de fronteras, la vigilancia, etc.

La ponencia económica

Esta ponencia, como ya se dejó dicho, es más larga que la política. El programa económico de un partido con aspiraciones al gobierno está aquí bastante detallado. Bien es verdad que como en toda ponencia congresual hay bastante retórica de cara a la galería. Aun así, vale seguramente la pena destacar las siguientes ideas.
Se defiende la liberalización de algunos mercados y la privatización de empresas públicas (tesis 27) que realizaron los gobiernos del PP del período 1996-2004. Se destacan como desequilibrios económicos de los últimos 4 años: la pérdida de competitividad, la inflación superior a la de la zona euro, el déficit en la balanza por cuenta corriente, el elevado endeudamiento de las familias y empresas, y una productividad del trabajo estancada.
Como medida recurrente en buena parte del documento, se propone una mayor flexibilidad del mercado de trabajo (tesis 30, 47, 53, 73 y 74), “ligar el crecimiento de los salarios a la productividad” (tesis 81) y una mayor liberalización de todo: del sector servicios (tesis 42, 90, 91), del transporte (tesis 122.4) y del suelo (tesis 104).  Se proclaman las virtudes de la liberalización en general: “La liberalización, como ya se ha comprobado en distintos lugares, genera empleo y crecimiento, abarata precios y facilita la vida a los ciudadanos” (sic).
Mención especial merece el apartado (tesis 68, la larga tesis 69 y la 70) dedicado a la “bajada selectiva y equilibrada de impuestos”. En concreto: se pide la rebaja general de los impuestos (el IRPF, el de las Pymes y el de Sociedades), la eliminación del impuesto sobre el Patrimonio junto al de Sucesiones y Donaciones. El fraude fiscal, el blanqueo de dinero y los delitos económicos, auténticos y graves problemas de la economía española, merecen solamente una referencia breve y retórica. De los paraísos fiscales, o de la política que debería tener el gobierno hacia ellos, ni una palabra.
La enseñanza secundaria y la universidad, puesto que de la ponencia económica se trata, deben estar destinadas a preparar “a nuestros jóvenes para competir en un entorno cada día más globalizado”, y se trata de fomentar “desde las aulas el espíritu emprendedor” (tesis 108). La universidad debe tener un “planteamiento docente e investigador ligado al mundo profesional y empresarial”. En definitiva, “la educación y la formación deben ser un proceso continuo a lo largo de la vida de las personas, para que los individuos puedan enfrentarse a los constantes cambios y transformaciones de la sociedad en general y el mercado de trabajo en particular” (tesis 111).

El Partido Popular: neoliberal y neoconservador

Si definimos el neoliberalismo como una doctrina que justifica determinadas políticas económicas y que defiende que “la mejor manera de promover el bienestar del ser humano consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada fuertes, mercados libres y libertad de comercio” (2), el PP es un partido claramente neoliberal.
La ponencia económica es un buen ejemplo. Pueden encontrarse tesis, algunas de las cuales ya se han señalado, en que se defiende la libertad de comercio y el rechazo explícito al proteccionismo, la defensa de los mercados libres –no es cosa de tratar discutir aquí la precisión terminológica del PP a la hora de servirse de las palabras— y, por encima de todo, la defensa de los derechos de propiedad. Esta es una de las claves para caracterizar al PP. Pero detenerse solamente en esta característica, por importante que sea, no ayuda a entender a esta organización política que, no se olvide, agrupó en los inicios de la transición, a buena parte del franquismo activo. Recuérdese que su actual presidente honorario es Manuel Fraga, un ministro importante de los últimos gobiernos del dictador. Y ahí está la otra clave que nos falta para completar la caracterización y entender cabalmente las dos ponencias que aquí hemos comentado: el PP es un partido claramente neoconservador. Si la ponencia económica es claramente neoliberal, la política es meridianamente neoconservadora. Los neocons nunca han dudado de las prescripciones económicas neoliberales, especialmente del objetivo principal: la restauración de un poder de clase sin interferencias (dicho sea de paso: a diferencia de algunos intelectuales pretendidamente de izquierda, el PP no tiene problemas en reconocer, aunque solamente sea de paso en una tesis, la 11 de la ponencia económica, la existencia de las clases sociales). Pero se apartan de los neoliberales en lo que podríamos englobar como “valores morales”. La defensa de la mercantilización de todo, el ataque a la misma idea de sociedad (à la Thatcher, para la cual “no existe eso que llamamos sociedad, sino únicamente individuos)… “abre un enorme vacío en el orden social” (3). Los neocons divergen de los neoliberales porque el individualismo sin freno que, en sus entendederas, aquellos promueven (sin preocuparse por las orientaciones sexuales, los estilos de vida, los comportamientos, las tradiciones nacionales…) debe ser rellenado con claras orientaciones que restauren cierto orden. Se declaran contrarios a la permisividad moral, partidarios de una alianza con los valores cristianos (en Estados Unidos y otros países) o católicos (caso del Reino de España), con los valores de la nación, de la tradición cultural y de la historia que ellos entienden como nacional. Todo ello está presente de forma que resulta abrumadora para tan pocas páginas en la ponencia política del PP, que viene a reflejar la práctica de este partido en los últimos años: oposición al matrimonio homosexual, defensa carpetovetónica de la “gran nación española” de “quinientos años de historia”, proclamas sobre la tradición cultural occidental, defensa de la familia tradicional (un hombre y una mujer), etc. etc. 
En conclusión, la ponencia económica del PP es claramente neoliberal, mientras que la ponencia política es neoconservadora, muy adaptada a los sectores más reaccionarios del Reino. Será tal vez interesante ver si en el Congreso de junio, aparte de las trifulcas personales y de las diferencias de estrategia política, hacen valer también su peso las diferencias entre los apologetas descarnados del vil metal “neoliberal” y los patrióticos neocon, partidarios a ultranza del Trono y el Altar.

NOTAS: (1) Este periodista filofranquista ha dedicado frases al tema que nos ocupa como las siguientes: “Mariano Rajoy debería besar por donde pisa María San Gil” y “María San Gil es el símbolo de lo que piensa liquidar Mariano Rajoy”. (2) David Harvey, Breve historia del neoliberalismo, Akal, Madrid, 2007, pág. 6. (3) Op. cit, pág. 90.
 

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