En busca de un nuevo motor para España

En busca de un nuevo motor para España
Aleksandro Palomo,
Fuente: Attac Madrid, Le Monde Diplomatique (Abril 2008)

El derrumbe del ladrillo colapsa la economía

El segundo gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se enfrenta a un escenario muy diferente al de hace cuatro años. Con el final de la fiebre del “ladrillo” y el impacto de la crisis financiera internacional, la economía española entra en un nuevo ciclo. Las turbulencias se acumulan: dinero escaso y caro, crecimiento débil y paro en fuerte alza. Para afrontar la peor situación económica desde los años 1990, el presidente del Gobierno y su ministro Pedro Solbes deberán proponer un nuevo motor para la economía. No será fácil.

La crisis financiera derivada de las hipotecas basura y originada en EEUU ha llegado a España a través de entidades financieras nacionales que invirtieron en fondos de alto riesgo[1]. Desde el 9 de agosto de 2007, día en que la crisis subprime se contagió al sistema financiero mundial, los seis bancos del Ibex han perdido una quinta parte de su valor en Bolsa. En poco mas de ocho meses se han esfumado 36.744 millones de euros entre el Santander, BBVA, Popular, Sabadell, Bankinter y Banesto[2]. La situación ha puesto de manifiesto la actuación piramidal que llevan a cabo los fondos libres de inversión. Todos invierten en todos con lo que su nivel de riesgo se diversifica, pero a la vez los hace más vulnerables a cualquier movimiento, lo que crea un efecto en cadena en los momentos de caída.

En España han operado varios de estos fondos que están contaminados como Parves Dynamic ABS Sicav (BNP Paribas) y ABS Fund (WestLB Mellon Compass Fund). El miedo al contagio no ha hecho sino acelerar la tendencia al cambio de ciclo en el sector inmobiliario y acrecentar el temor a una reducción de los márgenes de beneficio, consecuencia directa de la reducción de los precios de la vivienda.

La economía española es, en el seno de la Unión Europea, la que más ha acusado la caída del sector inmobiliario. En enero pasado, la construcción cayó un 8% respecto al arranque de 2007. Por otro lado, ha aumentado el nerviosismo entre los analistas ante el temor de que la crisis del sector inmobiliario se extienda a toda la economía. Esta se ha basado, en la última década, en el negocio del ladrillo. Las turbulencias bursátiles están provocando pérdidas severas en las empresas inmobiliarias. A lo largo del 2007, cerca de 7.000 empresas inmobiliarias cerraron en España.

Hasta las más grandes se hallan ahora en dificultad. La constructora SEOP Obras, del grupo Silver Eagle (que pertenece al banco Santander) ha presentado suspensión de pagos. Colonial intenta vender su negocio de patrimonio (que representa el 80% del total de la empresa) al fondo de inversión de Dubai. Martinsa-Fadesa ha tenido que acordar con sus acreedores el aplazamiento (hasta el 26 de abril) del pago de su deuda. Habitat ha debido firmar un acuerdo de reestructuración de su deuda con 39 bancos, y tendrá que pagar 120 millones de euros de intereses al año. Y en situación semejante, con una deuda abultada y falta de liquidez por impagos de clientes, están: Reyal, Metrovacesa, Astroc, San José y Nozar, por solo citar las más importantes.

España es el país europeo en el que el componente es­peculativo ejerció mayor influencia sobre el aumento del precio de la vivienda en el periodo de auge de la burbuja inmobiliaria. La presión al alza de la demanda de vivienda junto con el control absoluto del lobby del ladrillo de la oferta de vivienda y la renuncia de las administraciones a desarrollar una política que garantizase el acce­so asequible a una vivienda digna dispara­ron al máximo el precio del suelo; de la vivienda y del resto de activos inmobiliarios.

Los datos son demoledores. Según el Banco de España, entre 1997 y 2006, el precio de la vivienda aumentó un 100% en términos reales y aunque todavía a nivel general no ha empezado a bajar (no es el caso de algunas grandes ciudades como Madrid), sí se constata una desaceleración del incremento del precio de la vivienda, situándose, dicho crecimiento, a niveles del año 2000. Esta lenta reducción de los precios indica que el sector está saturado y las dificultades para vender son cada vez mayores.

En 2006, el número de hipotecas firmadas descendió un 10,6% respecto a 2005. El número de viviendas en construcción cayó en mayo de 2007 un 20,7% respecto al mismo mes de 2006. Incluso el consumo de cemento ha descendido notablemente. Las consecuencias pueden ser dramáticas para la economía española y aunque desde todas las instancias oficiales se trata de tranquilizar a la opinión publica, restando importancia a la situación, los analistas económicos en privado piensan que si estalla la burbuja inmobiliaria y los precios caen levemente, el consumo privado se verá afectado, lo que, junto a un menor crecimiento de la actividad constructora, podría poner en riesgo el crecimiento futuro de la economía española.

España es uno de los países europeos en los que tiene un mayor peso la inversión en vivienda dentro del PIB. Ahora, la debilidad del mercado de la vivienda afecta al crecimiento del conjunto de la economía. El modelo económico del ladrillo ha significado “pan para hoy y hambre para mañana”. Se ha mostrado como un modelo inviable económicamente y no sos­tenible medioambientalmente. La especulación inmobilia­ria ha lucrado durante una década a una minoría y ha generado un falso “efecto riqueza” en la mayoría, encandilada por la revalorización de su vivienda habitual.

El lobby del ladrillo ha conseguido la complicidad de la sociedad española, ávida de participar de las migajas de este timo piramidal, fomentando un “capitalismo popular del ladrillo” y con­sagrando en el ideario colectivo la vivienda como la inversión más segura y rentable. Ese lobby se ha apropiado de la renta actual y futura de toda una generación (realmente se han hipotecado las vidas de los comprado­res, no sus casas) a costa de la exclusión y sobreendeudamiento de amplias capas socia­les.

El resultado es un país hipotecado, sin margen para destinar recursos a otras cues­tiones, con graves repercusiones negativas sobre el resto de sectores y el empleo. Una minoría ha consumido de golpe los márgenes de crecimiento y desarrollo de España, comprometiendo seriamente su situación y evolución para los próximos años.

La apuesta por el ladrillo ha implicado el abandono o no desarrollo de actividades de servicios y secto­res industriales estratégicos, de alta tecnología e I+D y mayor valor añadido. Por el con­trario, el país ha realizado una asignación profundamente ineficiente de sus recursos, al destinar el grueso de la inversión, ahorro y endeudamiento a la promoción de un bien excedentario (en 2001 había ya siete millones de viviendas ociosas) y de nula aportación a la riqueza productiva y social. Sólo en el trienio 2005-2007 se terminaron 1.720.400 viviendas[3] en Es­paña mientras que las ventas de viviendas de nueva construc­ción[4] ascendieron en el mismo periodo a algo menos de 1.100.000. Se construyó en di­cho periodo un 58% más de lo vendido.

En cifras absolutas, la oferta de viviendas superó a la demanda en más de 111.000 viviendas en la Comunidad Valenciana y en casi 100.000 en Madrid du­rante el trienio en cuestión. La costa mediterránea y la proximi­dad de Madrid han sido los ma­yores focos de construcción de nuevas viviendas en España. Quedó una zona intermedia en­tre ambas localizaciones en la que el volumen de construcción efectuado fue menos intenso, pero en el que la oferta de nue­vas viviendas también superó ampliamente a la demanda.

A pesar de la sobreoferta de viviendas parece querer mante­nerse en las administraciones locales la fiebre constructora. Dicha obcecación se ad­vierte sobre todo en la constan­te proliferación de nuevos planes locales de urbanismo don­de se anticipan aumentos de población a todas luces exagera­dos. Sin embargo, los voluntariosos ayuntamientos pueden toparse con que los inversores han desaparecido. Los nuevos hogares que se dice se crea­rán cada año por la emancipación de los jóvenes no son una previ­sión rigurosa. No basta con te­ner la edad para crear un hogar. Es imprescindible tener un empleo y un sueldo dignos para decidirse a adquirir o a alquilar una vivienda. Se calcula que los jóvenes en España, destinan el 67,5% de su renta a pagar la vivienda. Este dato, presenta importantes oscilaciones si se analizan los datos de Madrid y Barcelona, donde llegan al 80% de la renta, mientras que en Teruel o Cáceres ronda el 40%. En cualquier caso, los datos son preocupantes. Un joven en España debería ingresar un 126% más para poder atender a la demanda de vivienda en las condiciones que actualmente se encuentra en España, lo que implicaría ganar 36.678,27 euros anuales, frente al salario medio real de 16.225,46 euros[5]. .

El sector constructor ha impulsado el crecimiento económico del país y la demanda del resto de sectores durante años. En el momento actual, con el parón en la construcción, la economía real también está empezando a sufrir las consecuencias. Y no parece haber relevo como motor de la economía. Prueba de ello es que el Presidente Zapatero decidió, el pasado 14 de marzo, lanzar un gran plan de inversiones de 9.000 millones de euros para mejora de carreteras, con el objetivo de estimular la actividad de las grandes empresas de construcción y obras públicas.

La producción industrial, a pesar de haber crecido en 2007 por encima de la construcción, por primera vez en los últimos años, en conjunto desaceleró su crecimiento, lo que indica que el factor determinante para que superara a la construcción fue la desaceleración de ésta, no el crecimiento de la producción industrial.

Sin ir más lejos, la desaceleración en el sector de la construcción provocó una subida del paro en el sector de 11.900 trabajadores en julio y de 22.088 en agosto de 2007. La asociación de Grandes Empresas de Trabajo Temporal (AGETT) conjuntamente con Analistas Financieros Internaciones (AFI) han hecho público un estudio en el que se refleja que la tasa de paro durante el año 2008 se situará en el 8,5% de cifra media pudiendo alcanzar el 9,1%. El gobierno valora la pérdida de unos 350.000 empleos únicamente en el sector inmobiliario. A grosso modo, 2,3 puestos de trabajo se perderán por cada vivienda que deje de construirse y en total dejarán de construirse 150.000 pisos. Por el momento, enero de 2008 ha arrojado la peor cifra de la historia, con un incremento, con respecto al mes anterior, de 132.000 de desempleados.

Por otro lado, el recurso al crédito, factor que hasta ahora había contribuido de forma importante a la expansión económica, puede transformarse de manera brusca en todo lo contrario, convirtiéndose en un lastre de incalculables consecuencias para toda la economía. Hay casi un billón de euros concedidos en créditos hipotecarios, de los que actualmente se calcula que 34.221 millones de euros son difíciles de cobrar. Estas cifras, junto a los todavía bajos niveles de morosidad (mayo 2007 un 0,693%; junio un 0,706%), todavía no parecen preocupantes, pero pueden crecer rápidamente en un contexto de problemas en el mercado laboral, como ya estamos empezando a ver.

A esto hay que sumar la inmensa deuda que las familias tienen contraída con los bancos, que en 2005 alcanzó el 105% de la renta disponible y en 2006 un total de 832.289 millones de euros. Esta deuda en un contexto de aumento del paro y de subida de los tipos de interés (el Euribor se encuentra ya en torno al 4,4%), con miles de familias sin poder hacer frente a sus cuotas hipotecarias, puede colocar la economía al borde del abismo. Los pronósticos de los precios para este año no son más alentadores: el encareci­miento del crudo y de los alimen­tos llevará la inflación más allá del 3%.

En lugar de aprovechar el favorable ciclo econó­mico de los últimos quince años para propiciar la transición hacia modelos productivos más justos y sostenibles social y económicamente a largo plazo, los gobiernos del PP y el PSOE han desarrollado políticas de apoyo a los sectores más insostenibles, agudizando la dependencia de los mismos, lo cual dificulta la reorientación de la economía nacional hacia otros secto­res productivos.

Como siempre pasa después de años de crecimiento y de borrachera de beneficios, todo parece indicar que el sueño se va a convertir en pesadilla y aunque para los trabajadores el boom económico ha traído pocos beneficios, los responsables de la orgía especulativa intentarán que sea el conjunto de la sociedad la que pague los platos rotos de su sistema. Ante la crisis, con toda seguridad, los asalariados deberán enfrentarse al enésimo intento de recorte de derechos sociales y económicos. Sin duda, la apuesta estratégica de las instituciones políticas y económicas frente a la crisis será una nueva vuelta de tuerca en el capitalismo de la precariedad, profundizando en las propues­tas neoliberales y en los recortes sociales.

La contención salarial será la propuesta estrella, con el objetivo de incrementar la competitividad y man­tener el nivel de inflación. O sea, para los funcionarios, las clases medias y los ciudadanos más modestos, tiempos duros se avecinan

[1] Léase nuestro dossier sobre la actual crisis financiera en Le Monde Diplomatique, edición española, de febrero de 2008.
[2] El País, 19 de marzo de 2008.
[3] Datos del Ministerio de Vivienda.
[4] Datos de los Registros de la Propiedad.
[5] Datos del Consejo de la Juventud.

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