Paraísos fiscales y medios de comunicación

Paraísos fiscales y medios de comunicación
Núria Almiron
Fuente: Temas para el Debate (nº 158, enero de 2008)

Hace unos años, en un informe de diciembre de 2003, el Banco Mundial (BM) se atrevía a poner cifras al creciente vínculo existente entre las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y el crecimiento económico. El vínculo era, y es, doble: las nuevas tecnologías aportan riqueza como sector industrial en sí mismas y contribuyen, a su vez, a aumentar la riqueza de los sectores que las usan. El BM no entraba en el terreno de si la carrera tecnológica y el crecimiento económico son las soluciones a los problemas de la humanidad –aunque reconocía, algo es algo, limitaciones al respecto–, pero alcanzaba a afirmar que las TIC eran una oportunidad para aumentar la transparencia en la política y en los negocios.

Hace ya más de doscientos años que Immanuel Kant definía en su obra Sobre la paz perpetua (1795) la transparencia (publicidad) como un útil instrumento para medir la justicia de los principios. Pero la mal llamada revolución digital desencadenada por las TIC en los últimos veinte años no parece haber contribuido a este ideal en mucho. En realidad, puede perfectamente afirmarse lo contrario si tomamos como objeto de análisis a dos de los sectores más afectados por la digitalización, precisamente la banca y los medios de comunicación, cuyas crecientes dependencias estructurales se ponen especialmente de manifiesto a través de la ausencia de publicidad o, lo que es lo mismo, por la falta de transparencia de unos y otros en determinados temas.

En realidad, un análisis de las informaciones aparecidas en los medios de comunicación más importantes de este país relativas a las entidades financieras ofrece un panorama tan desconcertante como ajeno a los principios básicos de transparencia y publicidad de la información, como pone de manifiesto todo lo concerniente a los paraísos fiscales.

Los paraísos fiscales en los medios de comunicación

Actualmente, la inmensa mayoría de las informaciones que las grandes cabeceras periodísticas suministran sobre los centros financieros extraterritoriales (offshore) o paraísos fiscales se caracterizan por una triple anomalía:

En primer lugar, por dedicar un espacio tan reducido que es casi anecdótico al tema de la extraterritorialidad fiscal, si se le compara con el enorme volumen de información que se hace pública sobre el sistema financiero y las entidades financieras en general.

En segundo lugar, por vincular los paraísos fiscales –cuando puntualmente se habla de ellos– básicamente a fenómenos que los describen o forman parte de la lucha contra ellos: blanqueo de dinero y narcotráfico o declaraciones de órganos políticos o judiciales al respecto (por ejemplo de la Fiscalía anticorrupción en España o de la OCDE). Y, muy especialmente, en este sentido, por centrar la atención periodística sobre unos protagonistas concretos (esencialmente los clientes o usuarios de los paraísos fiscales), mientras se deja en la penumbra a los partenaires, pero agentes necesarios, lo que nos conduce al tercer rasgo característico de la cobertura periodística sobre paraísos fiscales.

En efecto y, en tercer lugar, la cobertura periodística sobre paraísos fiscales se caracteriza por hacer omisión reiterada, salvo excepciones muy puntuales, de la relación entre banca y paraísos fiscales, a pesar de tratarse de un vínculo imprescindible por ser las entidades financieras agentes indispensables para la existencia de la realidad offshore.

Así, por ejemplo, si se analizan los primeros 25 años de existencia del periódico El País (1976-2004), sólo pueden localizarse seis piezas periodísticas que vinculen directamente los territorios offshore con la banca española: lo que supone que apenas el 0,7% de todas las noticias sobre paraísos fiscales aparecidas en ese cuarto de siglo en este periódico se atreven a hablar de los vínculos directos de éstos con la banca.

Podría considerarse sorprendente que periódicos como el citado, u otros de gran tirada nacional, o que los telenoticias de las principales cadenas públicas y privadas de televisión y radio no consideren importante que esas mismas grandes entidades financieras españolas, que constantemente aparecen en sus informaciones por sus resultados y beneficios o sus arriesgadas estrategias de expansión, también poseen otra realidad en forma de sociedades en paraísos fiscales, mayormente no auditadas, a la que nunca se hace mención. ¿Por qué no se indaga e investiga esta otra cara del sistema financiero? ¿Por qué no se le da mayor publicidad? La respuesta es tan simple como compleja de plasmar.

Los medios de comunicación en el capitalismo financiero

Los grandes grupos de comunicación experimentan una doble circunstancia en el actual capitalismo financiero. Por un lado, en las últimas décadas, y muy especialmente a raíz de la renovación tecnológica que la digitalización ha significado, su dependencia financiera se ha multiplicado hasta permitir definir su situación como de absoluta financiarización –esto es, de primacía de las lógicas financieras sobre las industriales en el seno de la empresa de comunicación–. La financiarización de las empresas de comunicación, y de las industrias culturales en general, supone esencialmente seis rasgos principales:

1. Una ampliación de su objeto social, que deja de estar principalmente relacionado con la información y la comunicación y pasa a incluir, también, y de forma preeminente, la actividad en los mercados financieros.

2. Derivado de lo anterior, un uso creciente de instrumentos financieros, entre los que se incluye también el uso de centros financieros extraterritoriales o paraísos fiscales.

3. Un endeudamiento creciente y progresivo que alcanza actualmente ratios sin precedentes y sitúa al sector de la comunicación y la información como uno de los más endeudados de la economía global.

4. Un distanciamiento creciente del valor de la compañía en términos contables y en los mercados financieros, a partir de cotizaciones bursátiles que disparan el valor virtual de las compañías.

5. La entrada de actores de la financiarización global en la estructura de propiedad de los grandes grupos de comunicación, especialmente de los grandes bancos de inversión, principalmente estadounidenses, que han adquirido en los últimos años paquetes importantes de las principales corporaciones de todo el mundo.

6. La influencia directa de las entidades financieras en los consejos de administración de los grupos de comunicación a través de la presencia de representantes de las primeras en los segundos.

En paralelo a esta interiorización de las lógicas financieras en el seno de la empresa informativa y de comunicación, la banca experimenta un proceso de crecimiento en el que está expuesta a grandes riesgos y necesidades, especialmente en lo relativo al control de la información estratégica distribuida por los grupos de comunicación (la que determina cotizaciones y grado de incertidumbre de las operaciones). Este control de la información estratégica es, para la banca, tanto un incentivo para penetrar en las empresas de comunicación como un elemento de fuerza de estas últimas ante la banca. El análisis de los datos desmonta pues los dos grandes mitos. Primero, el de los medios de comunicación como elemento débil en esta relación de poder, pues los objetivos de grupos bancarios y grupos de comunicación se complementan y refuerzan mutuamente en el capitalismo financiero; esto es, convergen. Y, segundo, financiarización (del sistma de medios) y convergencia (de intereses con la banca) impiden que se cumpla el sueño mitagógico de un sistema de medios más libre e independiente gracias a la transformación tecnológica digital.

La única realidad palpables es que la falta de transparencia es triple. Las entidades financieras incumplen el principio de transparencia al ocultar su papel protagonista en los casos de criminalidad financiera; los medios de comunicación incumplen el principio de transparencia al no ahondar en este incumplimiento de las entidades financieras; pero es que, además, los medios de comunicación tampoco son transparentes en un tercer aspecto: el de sus vínculos y relaciones de dependencia con el poder financiero. Vínculos y dependencias cuya envergadura y trascendencia podemos medir en función de la relevancia de los hechos noticiosos relacionados con el poder financiero que los medios de comunicación nos ocultan o, en el mejor de los casos, explican de forma incompleta.

Núria Almiron es miembro de ATTAC, doctora en Periodismo y profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona.

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