No hay futuro sin migraciones

No hay futuro sin migraciones
Ignacio Diaz Aguilar y José Masa
Fuente: Público

Durante estos días, delegados de noventa países se reúnen en Rivas Vaciamadrid, para celebrar el III Foro Social Mundial de las Migraciones. En un momento en el que el fenómeno de la llegada y la integración de los inmigrantes es un asunto de trascendencia vital para Europa y en plena travesía de una crisis económica, un espacio de debate y propuesta como el foro es una verdadera oportunidad.

Desde nuestra posición de lugares de llegada, Europa y, en particular, España han ido definiendo la política migratoria por el sistema de dar respuestas coyunturales según se iban planteando los problemas. Ocurrió así en la llamada crisis de los cayucos, en la que se improvisaron relaciones internacionales antes inexistentes; en el caso de las vallas de Ceuta y Melilla.
A la improvisación se han añadido reacciones desmesuradas, como la aprobación de la Directiva de Retorno, conocida como de la vergüenza, o el uso de patrullas del Ejército en Italia, lo que desorienta a la sociedad y genera o aumenta el temor hacia el extranjero. Ante ello se hace necesario recordar algo tan evidente como que los problemas sociales se resuelven con políticas sociales.

En el marco europeo, la cuestión migratoria ha de ser objeto de una auténtica política integral, que no se reduzca a las fronteras, planificada a largo plazo y que sea abordada desde todas las administraciones –comunitarias, estatales y regionales–, y acompañada fundamentalmente de la responsabilidad que tienen los municipios para que los nuevos vecinos puedan acceder con normalidad a la ciudadanía.

En los próximos decenios, las poblaciones de los países más ricos seguirán envejeciendo y necesitarán un número importante de inmigrantes para mantener su nivel de vida. Por otra parte, los movimientos migratorios, en los que participan millones de personas en el mundo, van a seguir siendo una constante debido a los enormes desequilibrios en el reparto de la riqueza, a los conflictos sociales y al cambio climático.

Esas corrientes migratorias no se pueden ni evitar, ni contener, porque constituyen una respuesta a situaciones de necesidad. Ante esta situación caben dos planteamientos: el primero es negar esta realidad e impedir las migraciones convirtiendo las fronteras en muros impenetrables. Esta política aumenta el número de tragedias porque la gente arriesga más, pero no deja de migrar.

La otra opción es dar una visión positiva y esperanzadora de las migraciones como motor de desarrollo y de paz entre los pueblos. Este planteamiento parte de tratar el fenómeno migratorio como la consecuencia inevitable de la existencia de graves problemas sociales y de justicia en el mundo, y de enmarcar las políticas que lo abordan en el marco de los derechos humanos, promoviendo que aquellas personas que se instalan entre nosotros, huyendo del maltrato económico, climático, político o bélico, puedan desarrollar una vida digna.

La perspectiva positiva plantea desafíos muy importantes, conflictos culturales que son normales en sociedades interculturales, o retos educativos y de participación ciudadana que es donde deben incidir las políticas municipales.
Parte de la solución está, precisamente, en la libertad progresiva de los flujos migratorios. De la misma manera que los muros conducen a la incomprensión y frecuentemente al odio, la convivencia une a las personas. Se trata pues de planificar la progresiva libertad de circulación de los trabajadores y sus familias dentro de los continentes y entre estos.

Hay que reforzar las políticas sociales para facilitar y fomentar la convivencia, atendiendo a las necesidades básicas de toda persona en educación, sanidad o vivienda. Esto afecta fundamentalmente a la escala local, a los ayuntamientos, por sus competencias y cercanía a la población. Es el espacio municipal el que puede fomentar y reforzar el entendimiento y convivencia entre personas de distintas procedencias. Este entendimiento y cohesión nos puede deparar un mundo mucho más atractivo y un modelo de sociedad que puede ilusionar. Debemos reconocer, además, a los inmigrantes los derechos básicos de participación política o los mínimos que establece Naciones Unidas en su Convención sobre los Derechos de Trabajadores inmigrantes no suscrita aún por España. Y hay que establecer políticas reales, consistentes y con medios suficientes, para contribuir el desarrollo económico y social de los países de origen de los migrantes.

En estos días se reúnen en Rivas migrantes y líderes sociales que se enfrentan día a día a las dificultades que supone el actual modelo migratorio, tanto en los países de origen como en los de tránsito y destino. Escuchemos sus análisis, sus propuestas, y comuniquemos a la sociedad que entre todos tenemos la oportunidad de diseñar nuevas políticas capaces de superar definitivamente un mundo desigual.

La política del avestruz, el esconder la cabeza ante unos cambios que nos desconciertan, no supone más que retrasar la única solución posible que es asumir como algo positivo las inevitables corrientes migratorias del siglo XXI.
Esta asunción, tarde o temprano, se producirá porque la realidad acaba imponiéndose. Cuanto antes la afrontemos, más vidas y más sufrimientos ahorraremos a millones de personas.

IGNACIO DÍAZ DE AGUILAR es presidente de Comisión Española de Ayuda al Refugiado, y JOSE MASA es alcalde de Rivas Vaciamadrid

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